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Actualidad del vino y la alimentación

NOVEDADES EN LAS GUIAS DEL SECTOR PARA EL 2010

foto de guía Peñín

Redacción Sevilla.- Este año, la Guía Peñín de los Vinos de España cumple su vigésimo aniversario. Para celebrarlo, la guía de referencia de los vinos españoles ha experimentado una profunda transformación, tanto en sus contenidos (más ágiles y visualmente más atractivos) como en su diseño, con un formato más manejable y una portada más transgresora.

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SINGULAR REAJUSTE DE LOS PRECIOS DEL VINO

foto de copa de vino tinto

Redacción Madrid.- Ningún sector se salva de la crisis. En efecto, los cambios de consumo afectan también al vino de España.

Los bares, cafeterías y restaurantes bajan los precios de los caldos que ofrecen y cambian de marca, buscando mejores rendimientos procurando no afectar a la calidad de los productos al consumo. Así, el precio de los vinos llega a bajar un 5,4 %; un 11% en los restaurantes.

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Aperitivos

Aperitivos; buenos acompañantes del vino

Existen muchas teorías sobre tas tapas y el aperitivo. Todas las regiones de España se disputan el honor de ser la cuna de la tapa, y muchos países del entorno mediterráneo también. Sin embargo, resulta realmente incierto el origen de estos estimados manjares tan dimensionados.

En la actualidad, las tapas han cobrado una importancia crucial en nuestra gastronomía, llegando hasta los altares de los más consagrados genios de la cocina (Juan Mari Arzak tiene varias publicaciones sublimes sobre los pinchos de su tierra de una belleza exquisita). Sin embargo, la tapa, el pincho y el aperitivo eran considerados una comida menor en una antigüedad no muy lejana.

La "Feria del Pincho de Valladolid" consagra a los cocineros más atrevidos, a los que saben conseguir de una tapa un plato pequeño en dimensiones pero grande en sabor, textura y belleza. Más tarde, los pinchos son expuestos en los bares del caso antiguo (con las condecoraciones pertinentes). Su degustación resulta un placer; nada que envidiar a la comida "mayor" (sobretodo porque con los pinchos no se abusa del hidrógeno líquido). Una tapa de semejante catadura con un buen vino de la Ribera del Duero

Las tapas de Granada son sobredimensionadas. Tomarse un vino cuesta poco y encima te ariman una tapa calentita de calamares, pimientos, sardinillas, chorizo, jamón de Trevélez... Todo empezó por la fuerte competencia de los bares del centro de Granada; se trataba de atraer al mayor número de estudiantes universitarios hambrientos. El resultado está a la vista... Un par de vinos de la vecina Málaga y varias tapas "de oficio" y ya has comido. Un misterio de la economía de escala de los bares granadinos que apenas ha transcendido al resto de España.

En Extremadura son buenas las tapas y también son "de oficio"... ¡Cómo debe ser! Un poquito de jamón de Extremadura es mucho junto a un vino de la Tierra de Extremadura o de la Ribera del Guadiana. También podemos acompañarlo con unas rabas de calamar, unas habas fritas, un chorizo (de ese que lleva pimentón de La Vera), unas patatas fritas sencillas, de la tierra y bien buenas... Y tantas y tantas tapas deliciosas de la Extremadura más auténtica.

Pero en Badajoz procuren ir a bares donde tengan oreja, pestorejo y caldereta de cordero porque entonces el vino de medio día puede resultar de lujo (un lujo bien barato, un lujo antiguo difrutar de un vino de pitarra de Extremadura con una tapa de oreja adobada).

Te sorprendes cuando entras en un bar tradicional de Lorca (Murcia) y te agasajan con unas habas con su vaina y todo. Te pides un vino y el camarero deposita unas cuantas habas maduras sobre la parte del mostrador que te corresponde. Aprendes de los lugareños a abrir tu vaina de haba, con total naturalidad, y tirar la piel al suelo al tiempo que engulles los frutos de esta tierra murciana rica en verduras como ninguna otra. Si a todo ello le arrimamos un buen Jumilla o un vino de Calatayud, para qué contar.

En Almería también resultan las tapas generosas y buenas. El "pescaíto" que traen del puerto por las mañanas (al lado del centro de Almería) es una delicia cuando te lo sirven junto al vino, calentito, fresco y salado. Cierto que en la actualidad muchos bares escatiman una tapa junto al vino o la cerveza, pero son muchos bares (los más sencillos) los que nos siguen ofreciendo tapas "de valde" por estos pagos andaluces con sal levantina.

"Lo Güeno", en Málaga es una taberna muy cerca de la calle Larios (la calle principal de Málaga) donde todo está güeno. Cierto es que hay que "rascarse el boslsillo" que no te dan la tapa "de oficio" pero merece la pena degustar esos revueltos y esas viandas del interior de Málaga que casi nadie trabaja ya en una Costa del Sol infestada de güiris. Sin embargo, en el "Guareña", muy cerquita de allí, si que te dan una tapa con el vino o la cerveza... ¡Y tapas de las buenas! Especialmente los boquerones en adobo.

También se pueden degustar buenos mariscos (quizá sin una presentación excelsa) en la "Antigua Casa del Guardia", en Puerta del Mar (Málaga). O mejor podemos desplazarnos unos kilómetros hasta Benalmádena y aparcar sobre la acera de la calle Extremadura, y meternos como podamos en la "Bodeguilla Pajarete". Sus codornices a la plancha y sus revueltos de chorizo no los supera nadie. Los vinos de "Pajarete" son los protagonistas junto con los "pintaitos" (una mezcla de Pedro Ximénez con manzanilla de Sanlúcar. Una delicia al sol de Málaga y sus playas...

Los pinchos de Valladolid son de los buenos (ya hemos comentado algo antes)... Los que frecuentamos las calles del casco viejo de Valladolid en buesca de la buena vida nos las entendemos muy bien con cualquiera de las viandas que nos ofrecen los taberneros. Las carnes vallisoletanas son tiernas y saben a hierba. Los pinchos son más elaborados que los del resto de España. Si en Granada se lucha por conseguir estudiantes hambrientos, en la capital de Castiilla-León se trata de conseguir una clientela fiel, algo elitista que sepa pagar un poco más por un pincho de los buenos.

Pero lo mejor es arrimarse a un pincho con un buen vino de la Ribera del Duero, de los que "quitan er sentío", en copa alta (como Dios manda), levantando la mano para tragar el vino de los hombres del Norte con mayúscula; los que han sabido afinar las botellas hasta que se convierten en miel de uva.

Yo me pido siempre morteruelo en Cuenca. A los zarrajos no les hago ascos, pero el morteruelome puede, me imanta, me tienta y no puedo evitar tomar una cazuela mientras suavizo mi garganta con vinos de Manchuela, que son de los que todavía saben de verdad.

Madrid es diferente. Sus taberneros son de los que te atienden de inmediato (Andalucía, Murcia, Extremadura y Canarias son el paradigma de los taberneros tranquilos). Allí llegas y te adivinan el pensamiento.Te sirven una caña si tienes cara de beber cerveza y una copa de Vino de Madrid si eres de los que tienen cara de beber vino. En el centro de Madrid (Por embajadores, Quevedo, Princesa, Cascorro y tantos sitios ...) todo es rapidez. Eso si, y agrado, y bromas de los taberneros que saben consolar a los estresados ejecutivos. (Los camareros que provienen de Hispanoamérica no suelen ser tan dicharacheros).

En el centro de Madrid lo más que te dan "de oficio" es un platito de patatas fritas de bolsa. Raro es el bar que te ofrece una tapa sin que tengas que pagar por ello. Sin embargo, en una periferia plagada de extremeños, Andaluces y gallegos es fácil que te arrimen una rabanera con algo de comida para que pases la copa de vino de Madrid (buenos vinos los de Madrid). Si son de Extremadura los dueños del establecimiento te las vas a ver con una buena oreja adobada (cosita a un palillo plano, eso sí). Si andaluces los dueños te puedn agasajar con algún "pescaito" a lo mejor frito a destiempo, y si gallegos te pueden sorprender con un vasito de pote con el que aliñar tus maltrechas tripas tras un día de ajetreo en la capital a base de comida basura.

El centro de Pamplona bulle entre vinos y tapas. La calle Estafeta se llena de gentes de todas partes y el vino y los pinchos fluyen durante todo el fin de semana. Yo siempre me pido un pincho de chistorra (pero de la de verdad, no esa cosa industrial que venden en los supermercados de descuento duro). Un placer. Un infinito placer calentar tus manos con una chistorra navarra recién repasada por el fuego. Si a eso le añades un buen vino de Navarra.... Nada, que estás en el cielo y no tienes motivo para quejarte de nada.

Sevilla es uno de los lugares de la tapa por antonomasia. Sus bares están llenos de "pescaitos", pavías de bacalao, espinacas, jamón de Jabugo y un sin fin de parabienes gastronómicos de lo más gustoso. Además, es raro el bar donde no te ponen unas aceitunas "de oficio".

Ir de tapas por el centro de Murcia es ir de vinos y pulpo. Graciosa la forma de disponer la ensaladilla rusa sobre unos picos de pan; los conocidos "matrimonios".

Los pinchos vascos son deliciosos, pero sobretodo variados. Por muy poco dinero, podemos echar mano del pincho elegido ra a compañar unos chiquitos. Resulta excepional la gran variedad de pinchos que puenden encontrase sobre la barra del bar. Llama la atención la gran cantidad de variantes de tortilla de patatas que se pueden catar allí. Allí siempre podemos echar mano de un buen chacolí.

El origen de la tapa

Como comentábamos al principio, la historia de la tapa es confusa. Para algunos entendidos, fue el mismo Alfonso X el sabio el que recomendaba ingerir el vino con pedazos de alimento para evitar que hiciera daño al estómago y al espíritu.

Otros sitúan más recientemente el nacimiento de la tapa. Se dice que, en los bares de Madrid del S. XVIII, al pedir el vino, te lo servían tapado con un papel de estraza sobre el que que el tabernero depositaba unas lonchas de embutido que solía ser chorizo o salchichón.

Es posible que el nacimiento de la tapa tuviera lugar simultaneamente en muchas partes de España y de Europa. Desde antiguo, las ventas de postas y casas de comida llevaban asociada la comida al vino. Así, el cansado viajero se refrescaba con un vino y tomaba unas rodabas de embutido, escabeches, aceitunas o lo que el ventero tuviera a bien dispensar.

Poco importa la historia de la tapa y si que se mantenga la tradición en aquellos lugares donde tiene profundo arraigo. Y que los taberneros sean conscientes de que una tapa o un pincho nunca pueden ser caros, que deben ser antojos culinarios de poco precio.

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